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Bemol sostenido
Por Alonso Arreola

El Barbiquiú, feliz error en la Matrix

 

El Barbiquiú es un lugar improbable. Es uno de esos sitios que, atendiendo a su origen, no deberían existir. Nació como el sueño familiar de dos abogados –padre e hijo– dedicado a la carne tipo estadunidense (de allí su nombre), pero extrañamente hoy es bastión del nuevo rock independiente al sur de esta Ciudad de México que se nos va quedando muda. Su evolución ha sido atípica y eso nos atrae.

Error en la Matrix, el bar es una grieta de pared antigua por la que salen plantas que se resisten a terminar bajo la suela de un zapato. Es como el nido improvisado en una caja de fusibles que está a punto de hacer corto circuito. Es un fenómeno inevitable y cíclico, siempre en riesgo por fragilidades múltiples pero que apoyaremos dure lo que dure. Más o menos géiser, más o menos volcán, el Barbiquiú es un sitio al que usted, lectora, lector, debe ir para comer pizza y alitas mientras escucha bandas que mañana triunfarán, sobrevivirán apenas o desaparecerán en el olvido.

Algunas le sonarán demasiado amateurs y será cierto; la mayoría apelarán a clichés genéricos y ambiciones pasajeras y será correcto; pero habrá otras que sembrarán promesa en el oído y lo harán sonreír con esperanza. Así son los sitios del underground verdadero: democráticos, abiertos, erráticos, honestos. ¿No le parece interesante visitar un lugar así para toparse con lo inesperado? ¿Cuándo fue la última vez que corrió ese riesgo? Si lo piensa bien se dará cuenta de que la oferta de conciertos, cultura, entretenimiento y gastronomía que impera en la superficie exige sesudas priorizaciones y renuncias dolorosas por su alto costo, mientras hay cada vez menos sitios –como este Barbiquiú– que abren su oferta por muy poco y con tal de que la vida en ciernes siga su curso tambaleante.

Operado ahora por el valiente mastuerzo multifuncional que nunca falta cuando aparece un escenario disponible –a veces desmedido por la piel que se endurece–, el espacio es casona vieja y de buen carácter en el centro de Coyoacán, en la calle de Tres Cruces número 54, a medio camino entre la plaza con la fuente de los coyotes y Miguel Ángel de Quevedo. Por allí, aunque le resulta difícil de creer, han pasado más de doscientas bandas en lo que va del año (dos a seis por día entre miércoles y domingo), abarcando todos los géneros y perfiles imaginables. Incluso han sonado grupos internacionales y se han colado algunos entes populares de las redes (¿notó que nos negamos a llamarles influencers?).

Pues bien. Nuestra experiencia allí fue harto curiosa. Lo visitamos un jueves para encontrarnos con el espacio casi vacío. Lo que sucedió nos dejó atribulados al principio, pero luego felizmente sorprendidos. Fuimos afortunados por haber coincidido con tres cantantes notables, solistas (una de México, otra de Chile y otra de Argentina), mujeres con repertorio propio que transformaron la noche fría en globo de aire caliente.

Comenzó Xuna, joven cantautora apoyada por un colega guitarrista. Aniñada e inexperta sobre el tinglado, sus temas contenían buenas posibilidades. Muchos eran ternarios y rítmicamente atrayentes, aunque apenas alcanzaban cierto nivel de arreglo instrumental. Fue agradable escucharla. Luego siguió quien coronaba la noche. Toda una sorpresa. La argentina Belén Pasqualini se lanzó mezclando temas de discos propios con otros del monólogo teatral que la trajo a México (también es actriz), más algún cover estadunidense. Desplegando talento, carisma, originalidad y generosidad, le prestó el teclado por dos canciones a su amiga chilena Sabina Odone, quien rasgó el reloj con un par de temas de corte vintage en los que bien cabría la orquesta del Festival OTI. Notable.

Volviendo a Pasqualini, Christiane se llama el celebrado “bio-musical científico” que escribió para su abuela, connotada científica del país sudamericano y que recién presentó en el foro Juana Cata y en la UNAM (CDMX). Un monólogo vertiginoso de texto e interpretación extraordinarios. Acérquese a ésta y otras de sus muchas experiencias escénicas visitándola en www.belenpasqualini.com. Buen domingo. Buena semana. Buenos sonidos.

 

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