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Catherine Lim y las historias de mujeres en Singapur / Entrevista

Usted es varias escritoras en una.

–Eso tiene que ver con mi familia extendida y con el hecho de que entrábamos y salíamos de las casas de nuestros vecinos. Pero también hay un rasgo personal desde mi niñez: soy curiosa y observadora. Mi madre me decía: “¡No escuches nuestras charlas!”, porque yo quería escuchar las conversaciones de los adultos.

 

Algunas de sus historias tienen un giro sobrenatural.

–Mi madre, mis tías, las criadas, los vecinos me contaban eso.

 

Otras de sus historias encierran una moraleja.

–Todas esas historias vienen de mi madre.

 

En la comunidad donde usted creció la tradición literaria china debió ser muy viva.

–Mi padre prefería que estudiáramos inglés para obtener un buen trabajo. Dominar la lengua china nos daría solo la oportunidad de convertirnos en maestras de educación básica.

 

De 1911 a 1949 y más allá, si consideramos la Revolución Cultural, China se hundió en el caos, algo ausente en la diáspora china.

–La diáspora china se volvió en extremo localizada, según el país donde se hubiera asentado. Los chinos hacen cualquier cosa por el éxito económico, incluso se desprenden de su cultura...

 

Usted decidió convertirse en maestra de educación secundaria.

–Me hice maestra por la influencia de mis hermanas.

 

Usted asistió a un taller y ahí se pidió a los participantes escribir algunos textos.

–Yo era una joven profesora cuando tomé ese curso, aquí en Singapur, para ser maestra de inglés como segunda lengua. Los asistentes proveníamos de toda Asia, incluyendo Camboya, Laos, Vietnam, etcétera. Para graduarnos preparamos algunos materiales didácticos. Pregunté a mi supervisor, un británico, si podía escribir seis cuentos sobre mi abuelo, mi padre, mi tío... Estos textos buscaban enriquecer el lenguaje de los estudiantes a través de historias de su propio contexto. Mi supervisor me dijo: “Me encantan tus historias. ¿Por qué no escribes unas cuantas más y las reúnes en un libro?” Eso fue en 1974. Escribí doce cuentos más hasta reunir dieciocho. Gracias a mi supervisor publiqué mi libro en Hong Kong en 1978. El libro desató una tormenta en Singapur. Abrí las puertas de la escritura local.

 

Algunas de sus historias tratan sobre la vida trágica de algunas mujeres.

–En Singapur se anima a las mujeres a cursar la educación superior, pero sólo por razones económicas. Singapur sigue siendo una sociedad patriarcal. Sin embargo, los jóvenes están cambiando.

 

Usted representaría un cambio histórico para la condición de las mujeres en Singapur y en Asia en su conjunto.

–Soy una feminista de la igualdad. Si los hombres son oprimidos, abogaré por ellos.

 

En uno de sus cuentos hay una empleada doméstica a la que se pretendía casar con el hijo idiota de la familia que la esclavizaba, pero ella se suicidó prendiéndose fuego ante un altar budista.

–Esa historia la escuché. En esa época una criada podía ser cualquier cosa: la amante de un idiota, una esclava sexual.

 

En otra historia un padrastro viola a su hijastra, una estudiante de secundaria. Después de la violación, la niña olvida llevar su tarea –un álbum sobre la familia–a la escuela. El padrastro sin embargo lleva el álbum al salón de clases de su hijastra, pero como en todo el trayecto no cesó la lluvia el álbum queda arruinado, excepto una estampa de la Sagrada Familia que se desliza del álbum y cae a los pies de la maestra. Esa historia es indignante.

–Cuando escribo no pienso: “¡Oh, esta historia puede molestar a mis lectores!” Escribes desde el corazón, de lo contrario tu escritura no será honesta. ¡No puedo escribir para complacer a nadie, ni siquiera a mis editores!

 

Usted todavía imparte clases.

–Ofrezco talleres de comentario político y talleres de escritura creativa para reclusas y para personas mayores. Algunas quieren dar a conocer historias de injusticia. Recuerdo a una empleada doméstica al borde de la inanición. Sus empleadores fueron denunciados y condenados.

 

Eso no sólo ocurre en Singapur.

–He leído historias terribles de Oriente Medio. La naturaleza humana es de un espectro tan amplio...

 

Usted ha escrito un cuento sobre un hombre casado en busca de una “trabajadora sexual virgen” en Tailandia.

Hay turistas japoneses que buscan vírgenes en ese país. Algunas niñas son empujadas a la prostitución por sus propios padres. Ahora las cosas han cambiado, pero continúan los abusos contra las mujeres. En Singapur las leyes te protegen. Pero todavía hay una brecha entre la ley y lo que puede suceder. ¡Al menos aquí se aplica la ley!

 

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