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Bemol sostenido
Por Alonso Arreola

La muerte de José José… ahora sí

Hace tres años, en este mismo espacio y tras una noche de juerga escuchando al Príncipe de la Canción, publicamos una columna llamada “La muerte de José José”. Sabedores del conflicto al que entraríamos cuando de verdad sucediera, nos atrevimos a lanzar augurios revisionistas: “Su nombre se mantendrá por días en el ojo del huracán”, dijimos. “Sus seguidores se harán devotos. Sus devotos se volverán fanáticos. Sus colegas se dirán amigos íntimos. Sus amigos íntimos se dirán hermanos. Su familia se volverá una institución administrativa y dará entrevistas contradictorias…”.

Aunque salido nuestro texto hubo quienes se ofendieron, lo que intentábamos era señalar esa condición tan mexicana que aguarda en las montañas cual buitre sediento de fetiches, amuletos, efigies, talismanes y reliquias, amante del rito que gira y desciende vertiginoso sobre los restos abatidos sin pensar si hubo digna despedida. Verbigracia: hoy –al redactarse esta nota– todos se preguntan sobre la condición de sus últimos años y sobre el paradero de su cuerpo (¡qué surrealismo!), cuando tantos lo dejaron caer estrepitosa y lentamente a favor del espectáculo.

Volviendo a nuestra nota pasada, lo que no sucedió fue que –como decíamos entonces– muriera de madrugada. Resorte meramente poético, lo que sí cumplió el amado cantante fue terminar sus días en sábado, ocasión ideal para una ingesta alcohólica parecida a la del Super Bowl o la final del Mundial. Cosa poco relevante –perdonen lo superficial– si la comparamos con los homenajes espontáneos que durante días ocurrieron allí donde la gente se reúne cotidianamente: microbuses, camiones, estaciones del Metro, estadios de futbol, parques, plazas o frente a su propia estatua en Clavería. Un fenómeno conmovedor sobre el cual deseamos apuntar dos cosas.

La primera es que José José, a diferencia de cualquier otro intérprete o compositor de potencia popular –incluidos Pedro Infante y Juan Gabriel–, parece una ausencia que pega más en el alma masculina. De alguna forma, entre la cantina del charro rencoroso y la ternura del gay apasionado, José Sosa cantó otra llave del corazón. Nuestra lectora, nuestro lector, puede estar en total desacuerdo con esto (lo que menos deseamos es un linchamiento de género). Piénselo: compare situaciones del pasado y escuche el canto en las muchas imágenes que circularon hace una semana. Las voces que predominaban eran las de los hombres, como si con José José los machos se permitieran una exhibición sentimental que no es anacrónica ni espera al tequila, ni puede ser juzgada como falta de hombría.

El otro aspecto notable, según quien esto firma, es que a diferencia de otros ídolos musicales José José atravesó el gusto del pueblo con una calidad interpretativa absolutamente sorprendente, de clase mundial, que no ha tenido ninguno de sus antecesores. Nos referimos a una técnica que provenía de la influencia familiar (sus padres eran músicos estudiados) y que el público supo apreciar sin la pirotecnia melódica de la que era capaz. Lo suyo fue el largo y terso aliento, la afinación impecable, los vibratos elegantes que negociaban con la fijeza de una nota culminando verso... Eso y lo de mayor relevancia: comprensión lírica, asunción poética.

Melómano experto en jazz, música brasileña y crooners estadunidenses, el uso del micrófono de José José es algo que apenas Luis Miguel comprende en nuestros días (hablando de varones). El lugar en que entraban y salían sus frases, la manera como flotaba sin ceñirse a un tiempo que se le hacía arena en la garganta, son aspectos provenientes del ser bajista, instrumentista acompañante antes que cantante acompañado. Ello le dio una humildad terrestre en todo conjunto, ya fuera trío, mariachi, quinteto u orquesta, lo que recordaremos siempre como el mayor respeto que se le puede hacer a una canción. Descanse don José... Y gracias por su like aquella vez en Twitter. Ese brevísimo video de usted tocando el bajo y cantando “Si me enamoro” con Los PEG nos parte en dos. Lo seguiremos escuchando. Buen domingo. Buena semana. Buenos sonidos.

 

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