Usted está aquí: Portada / Cultura / La cervantina honradez de Ida Vitale Premio Cervantes 2018
Usted está aquí: Portada / Cultura / La cervantina honradez de Ida Vitale Premio Cervantes 2018
La cervantina honradez de Ida Vitale Premio Cervantes 2018

En su discurso de recepción del Premio Cervantes 2018, la poeta Ida Vitale señaló cómo, incluso por azar, ha estado unida a la obra del genial manco, desde sus estudios primarios en Montevideo, donde nació en 1923. Del soldado y escritor destacó una virtud: “Virtud siempre lograda de Cervantes ha sido no echar mano de milagros de los usuales en las novelas que no se privaban de gigantes y monstruos, cuando un argumento descontrolado las requería.

Tal peculiaridad representa para la uruguaya la honradez con que Cervantes se acercó a la realidad, a la que retrata en su intimación con la fantasía. Pero también algo más, porque esta peculiaridad cervantina trasciende lo literario y deviene rasgo de carácter, modo de relacionarse con la vida y sus claroscuros, sus silencios reveladores y sus ruidos abrumadores; en fin, forma de comprender a y comprendernos en la existencia diaria.

Vitale y la generación del ’45

Temprana lectora del Quijote, Vitale refrendó su adhesión a la virtud cervantina desde los días de la generación del ’45, en la que coincidió con Juan Carlos Onetti, Idea Vilariño, Emir Rodríguez Monegal, Amanda Berenguer, Ángel Rama y Mario Benedetti, con quienes evidenció las falsías del discurso patriotero de las élites hegemónicas que exaltaban un Uruguay próspero y estable (como otros países latinoamericanos, Uruguay también se imaginó la “Suiza de América”), columnas que, según demostró fehacientemente la generación, escondían la falta de un proyecto cultural digno de tal nombre, lo que hacía de la uruguaya una sociedad incompleta. De ahí en más, la generación del ’45 desató una revolución intelectual cuyo legado ni siquiera la dictadura cívico-militar de 1973 logró corromper.

Característica de los autores del ’45 fue su actividad crítica, a la que no fue ajena Vitale, que concibió la crítica como una labor rigurosa y dinámica: rigor en el manejo de elementos formales; dinamismo para sentir las múltiples formas que adquiere la expresión artística. Y rigor y dinamismo son inherentes a la obra de la poeta uruguaya, revisora acuciosa de sus poemas, en un proceso constante de reinvención que la ha convencido de ordenar su obra poética en cronología inversa que, como Viaje a la semilla de Alejo Carpentier, es una aventura introspectiva. En “Accidente nocturno”, escrito hacia 2015, leemos: “Los árboles y el viento te argumentan/ juntos diciéndote lo irrefutable/ y hasta es posible que aparezca un grillo/ que en medio del desvelo de tu noche/ cante para indicarte tus errores.”

Significativo, aunque en primera instancia nos inclinamos a creer que las diferencias entre el ocaso y el alba de la existencia son evidentes, bastan una insinuación o un titubeo para comprender que del origen al final nos pueblan los mismos miedos, anhelos, emociones y pensamientos. Así, en “Para qué incurrir en historia”, poema de su primer libro, La luz de esta memoria, fechado en 1949, la poeta se propaga en amor hacia la tarde.”

Discreta pero arrojada, la uruguaya opone las pequeñas certidumbres de la vida íntima a los dominios de lo incierto. Ante la evidencia de la finitud de la memoria y de la existencia, Vitale recurre a poemas breves, parcos de metáforas y, en cambio, ricos en sorprendentes imágenes cotidianas. He ahí “Avaricia”, del poemario Mella y criba, publicado en 2010: “También quede conmigo/ mi esperanza de tiempo,/ mañanas de hojas nuevas bajo lluvia/ y tardes donde un canto futuro,/ que hoy no alcanzo,/ comience.”

Vitale habla de “un canto futuro,/ que hoy no alcanzo”, con lo que se declara consciente de su finitud. Sin embargo, tal conciencia no retrae a la poeta ni la mengua, sino que se subleva a su fugacidad y en 2002 publica Reducción del infinito, colección poética que se inicia con “Llamada vida”, poema de siete tercetos, formados por versos en asíndeton y verbos en infinitivo, con eco de Poemas humanos de César Vallejo. El primer terceto dice: “Ponerse al margen/ asistir a un pan/ cantar un himno”, mientras el último manifiesta: “estar en busca de alma diferida/ preparar un milagro entre la sombra/ y llamar vida a lo que sabe a muerte”.

El infinito es inconmensurable, en cambio nuestras vidas están sujetas a lo que podemos asir con las manos y abarcar con los sentidos, por lo que en Reducción del infinito Vitale saluda, con festiva ironía, la infinitud limitada en que habitamos. Limitada, sí, pero nuestra.

El infinito lenguaje

La certeza de nuestra perennidad efímera es la base en que se apoya Léxico de afinidades, íntimo diccionario en prosa y verso que celebra la ductilidad del lenguaje, creación y creador a un tiempo, que con apenas veintisiete letras nos comunica y nos imagina. En la “Hoja de intenciones”, después de apuntar que entre los sistemas de ordenación que hemos buscado, el alfabeto es el más adecuado, Vitale agrega: “Su vastedad puede parecerse al caos que busca sustituir. La limito, pues, seleccionando por afinidades el léxico que cuaja, arbitrario, en torno a cada letra: no todas sino aquellas palabras que me cantan: pero el canto es el río y es la red; ellas juegan, conspiran, flotan mutuas, son suicidas, dinásticas, migratorias, todo el fragor lejos de la inercia.” La poeta intuye al lenguaje vasto como el infinito, por lo que sólo ocupa las palabras necesarias para construir y vivir su infinito interior. Palabras arbitrarias, bien lo sabe, pero que son únicas porque con ellas dialoga con el infinito exterior. Una de las entradas del léxico, “Escepticismo”, compuesta de dos estrofas, fustiga al “Dios de las controversias” y, en la segunda estrofa, lo desafía y embroma con una rítmica y juguetona aliteración: “¿Se sabrá algo para siempre?/ Nada se abraza como siempre,/ alma abrasada desde siempre./ Si abras vacías habrás visto…”

Maestra de la cadencia discursiva, la uruguaya nos acerca a un microcosmos en que las cosas y los seres sencillos adquieren complejidad emotiva y vital, de tal suerte que la forma física del hicaco, tornasolada fruta tropical, deriva en un juego de luz y sombra, remarcado por la aliteración, en los versos de “Hicacos”: “Un esplendor de verde Veronese,/ claro rastro del mundo oscurecido,/ es el fondo del cuadro en el que un día/a otra veré, a mí misma no llegada.”

Hábil en el manejo de las figuras retóricas, Vitale sin embargo prefiere usarlas como discretas pinceladas que acentúan el discurso poético; tal el caso del primer poema de Sueños de la constancia (publicado en 1984), “Parvo reino” y sus sutiles enumeraciones que perfilan la plasticidad de las palabras: “Vocablos,/ vocaciones errantes,/ estrellas que iluminan/ antes de haber nacido/ o escombros de prodigios ajenos.”

Desalentadora paradoja, a pesar de los muchos mundos que enunciamos y creamos con las palabras, al final sólo nos quedan cenizas inciertas. Sin embargo, con las cenizas hacemos el polvo y la tierra de nuestras historias y por su intermedio conocemos nuestra otredad. En Sueños de la constancia, los tercetos de “Residua” nos consignan los despojos que permanecen al fin de la existencia: “Corta la vida o larga, todo/ lo que vivimos se reduce/ a un gris residuo de la memoria./ De los antiguos viajes quedan/ las enigmáticas monedas/ que pretenden valores falsos.”

Diríase que sólo un recurso mágico o una artimaña retórica rescatarían esas vidas restringidas “a un gris residuo”. Sin embargo, irrumpe aquí la honradez cervantina, la intimación de realidad y fantasía poblando de inadvertidos prodigios lo cotidiano: “De la memoria sólo sube/ un vago polvo y un perfume./ ¿Acaso sea la poesía?”

Vitale pregunta “¿Acaso sea la poesía?” y la interrogante, como en Cervantes, es una esperanza, que impulsa a don Quijote a buscar un mundo más allá de Alonso Quijano, y al licenciado Vidriera a reclamar sitio para su singular naturaleza. Es el mundo por llegar de “20…”, poema de Jardín de sílice, que con los puntos suspensivos de su título ofrece hábitat a la honradez cervantina en que ha fundamentado obra y vida la poeta montevideana: “Entonces,/ entre líneas de la noche borrosa/ han de quedar despojos de verdades/ diversas,/ yertas;/ alguien hará la suma con usura/ sésamo ciérrate para una gruta sin prodigios.”

Poemas

La Palabra

Expectantes palabras,
fabulosas en sí,
promesas de sentidos posibles,
airosas,
aéreas,
aireadas,
ariadnas.

Un breve error
las vuelve ornamentales.
Su indescriptible exactitud
nos borra.

Penitencia

¿Mirar atrás será pasar
a ser de sal precaria estatua,
un perecer petrificado
preso en sí mismo, parte
del roto encanto de un paisaje
cuya música no logro más oír?

¿Debo matar lo que miré,
el mito que minuciosa
pliego y despliego,
grava para mi paso solo?
¿Ciega borrar lugares,
playas, vientos, el tiempo?

Sobre todas las cosas,
anular horas que se han vuelto inútiles
como lluvia que cae
sobre el mar implacable,
como mis propios pasos
si no son penitencia.

Exilios

Están aquí y allá: de paso,
en ningún lado.
Cada horizonte: donde un ascua atrae.
Podrían ir hacia cualquier fisura.
No hay brújula ni voces.
Cruzan desiertos que el bravo sol
o que la helada queman
y campos infinitos sin el límite
que los vuelve reales,
que los haría de solidez y pasto.
La mirada se acuesta como un perro,
sin siquiera el recurso de mover una cola.
La mirada se acuesta o retrocede,
se pulveriza por el aire
si nadie la devuelve.
No regresa a la sangre ni alcanza
a quien debiera.
Se disuelve, tan solo.

Invierno

Como las gotas en el vidrio,
como las gotas de la lluvia
en una tarde somnolienta,
exactamente iguales,
superficiales,
ávidas todas,
breves,
se hieren y se funden,
tan, tan breves
que no podrían dar cabida al miedo,
que el espanto no debiera hacer huella
en nosotros.

Después, ya muertos, rodaremos,
redondos y olvidados.

Fortuna

Por años, disfrutar del error
y de su enmienda,
haber podido hablar, caminar libre,
no existir mutilada,
no entrar o sí en iglesias,
leer, oír la música querida,
ser en la noche un ser como en el día.
No ser casada en un negocio,
medida en cabras,
sufrir gobierno de parientes
o legal lapidación.
No desfilar ya nunca
y no admitir palabras
que pongan en la sangre
limaduras de hierro.
Descubrir por ti misma
otro ser no previsto
en el puente de la mirada.
Ser humano y mujer, ni más ni menos.

1284
comentarios de blog provistos por Disqus