Usted está aquí: Portada / Arte y Pensamiento / Las rayas de la cebra
Usted está aquí: Portada / Arte y Pensamiento / Las rayas de la cebra
Las rayas de la cebra
Por Verónica Murguía

Gajes de mi oficio

Un gaje es un inconveniente. Se lo aclaro al lector porque yo no lo sabía. Sospechaba cuál es el significado de la palabra y no estaba muy lejos de la verdad, pero hoy decidí consultar el diccionario porque descubrí que mi trabajo me está tundiendo a punta de gajes.

Un cuento que decidí escribir en un estado de ánimo escapista, se está convirtiendo en una novela. Esto ya había sucedido, pero lo había decidido yo: no el texto. Ahora este escrito manda: no sirve como cuento. Puede que funcione como novela. Las ganas que tenga yo de escribirla o no, son otro cantar.

Esto me desconcierta porque, de ser así, escribiré por lo menos cien páginas sobre un tema que me resulta ajeno. Nuevo, con un tono que jamás había usado, en un ámbito inusual. El personaje, un chico chilango normal, hace un viaje a un país del que no sé nada. Eso no me había arredrado antes: mi primera novela está protagonizada por una beduina en la Edad Media y todas esas lejanías me entusiasmaban. El problema ahora es que el país adonde va el muchacho no me había interesado antes. Estoy estudiando como si fuera a presentar un examen importante, pero no niego que me ha sacado de mi zona de confort. Aunque, a decir verdad, yo no tengo más zona de confort que un sofá hecho pedazos por el gato donde mi marido y yo pasamos largas temporadas.

Tengo dos novelas casi terminadas desde hace años y ya no logro ponerles punto final. Las novelas sin terminar se dividen en dos categorías: las que dan ilusión y las que son kryptonita pura. Las que dan ilusión son aquellas, al menos para mí, cuyo final se intuye con claridad. Puede cambiar, pero no mucho. También suelen estar llenas de personajes atractivos, con quienes uno va a tratar muy de cerca y mucho tiempo.

Es agradable escribir cuando a uno le cae bien el elenco o, siquiera, le gusta el lugar donde suceden los hechos. Además, el autor puede poner antagonistas inspirados en gente que considera abominable. Si salen las cosas bien, hacerles pagar sus maldades. Yo puse en una novela a un político panista que detesto: un dragón lo dejó caer desde las alturas y quedó hecho una calcomanía. Fue muy placentero.

Las novelas que dan ilusión, además, tienen aire de traer torta bajo el brazo, de ser capaces de conseguir ser publicadas, ganar un premio, tener lectores, cosas por el estilo.

Claro que estas ilusiones pueden ser puro espejismo, pero las novelas ilusionadoras divierten cuando uno las está escribiendo. Yo he escrito varias y me han hecho feliz antes de su publicación y también después, porque alguien las ha leído y hasta se ha divertido como yo.

Hay otras que cuestan un trabajo horrible y que dan ilusión y tormento a partes iguales, porque suponen un montón de dificultades que, aunque las ponga uno en el texto por su propia voluntad, son verdaderas. Mi primera novela, por ejemplo, me costó años de trabajo y desconcierto porque ocurre en la Edad Media y, por si fuera poco, en un desierto que es, veladamente, una mezcla del Sahara y algunos lugares de Iraq.

¿Por qué me metí en tanto lío? Sepa. Lo cierto es que el lío llenaba de alegría (escribí alergia, justo ahora) y preocupación. Aunque me tardé siglos con ella, esa novela quedó naturalmente clasificada en la lista de las escrituras felices. Fue difícil publicarla. Ahora anda por ahí: con lectores. También ha sido traducida y tenido aventuras de todo tipo.

En cambio, una novela hecha de kryptonita que me acecha ahora mismo en mi cajón, impresa con tapas negras y letrero que dice Copia de trabajo me trae frita.

Lo confieso: hoy tengo muchas ganas de ser otra persona, con un oficio distinto. Alguien que acuda a trabajar a una oficina, buena colega, ordenada y puntual. Tal vez debería escribir sobre eso. Una escritora que se raja y se busca un empleo en el que no duda de sí misma. ¿Cuál sería?

Ay. A lo mejor la historia se convertiría en kryptonita porque así es este trabajo.

comentarios de blog provistos por Disqus