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Ícaro y los gatos

Todo es acerca del maldito gato. Mientras habla, nervioso y repetitivo, Milo sacude el pelo imaginario de su ropa.

La cena

–No puedo concentrarme...… No comas tan rápido. Margarita terminaba una rebanada de pastel mientras, en la casa, se instalaba el silencio. Su barrio era uno de esos barrios recién construidos, donde las casas son idénticas entre sí y el pasto en los jardines apenas comienza a crecer. No hay árboles y no hay pájaros. Y al final de la calle, el fin del mundo; monte y atardecer.
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ARTE Y PENSAMIENTO
  • Miren, dijo el capataz mientras blandía el fuete y de vez en cuando llevaba contra sus botas el ritmo de una polka que se oía venir quién sabe de dónde, por la calle de tierra que los vehículos transitaban balanceándose con movimientos como de elefantes, como de camellos, como de lanchas en un mar picado.
  • No deberían las casas parecerse sino sólo a su dueño. Nadie debería dejarse imponer una casa que no se parezca a él mismo: sería como consumar un embuste.
  • Entre madre y mamá, aunque sinónimos, hay un abismo de sentido, un distanciamiento emocional. La solemnidad del término madre provoca un enfriamiento en el significado que afecta a todo el texto en el que aparece.
  • Sí. Lo acaba de comprobar Antonio Malacara, pluma señera del tema en este y otros muchos medios impresos y electrónicos; organizador incansable de coloquios formales y diálogos casuales; personaje magnético que convoca centrípetamente a quienes se interesan por la síncopa y la improvisación en México entero.
  • ¿Qué más se puede decir de la brutal humillación colectiva, internacional, gratuita (bueno, gratuita no: nos costó y muchísimo… saber cuánto será desde luego materia de lo turbio, de lo reservado por años, de lo traspapelado, del “ya no supimos qué pasó”).
  • “Me falta un rostro –cada vez me faltan más rostros–, un peldaño –cada vez me faltan más peldaños–, una palabra –cada vez me faltan más palabras–”
  • En La tumba, su primera y magnífica novela –que no ha llegado y parece que nunca llegará al cine–, un jovencísimo José Agustín cuenta cómo su igualmente jovencísimo protagonista, obvio alter ego del autor, quiere psicoanalizar a su perro.
  • Sí. Lo acaba de comprobar Antonio Malacara, pluma señera del tema en este y otros muchos medios impresos y electrónicos; organizador incansable de coloquios formales y diálogos casuales; personaje magnético que convoca centrípetamente a quienes se interesan por la síncopa y la improvisación en México entero.
  • Resulta que no solo estamos en el país de los narcos más terribles y los corruptos más voraces; México es también una república sui géneris donde hay lords y ladies, como en las monarquías.
ONOMÁSTICA
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México y su cultura de masas