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Enigma y placer en Sor Juana: ser libre y ser mujer

Trata de una, dos, tres, hasta de ocho monjas portuguesas que afortunadamente de amor no murieron y que en cambio y muy harto al contrario fue el mismo Amor y sus maneras el protagonista y proveedor nutricio a su ingenio, inteligencia y poesía. De ocho religiosas se trata también, los Enigmas en La Casa del Placer, que siendo un corro ilustre y achispado por las múltiples luces del talento de mujeres probas y enteramente libres que legitimaron aún más y sólidamente la Soberana Asamblea en esta ocasión reunida en torno a las veinte redondillas de Sor Juana Inés de la Cruz, que a encomienda de su gran amiga, protectora y mecenas de sus letras, la condesa de Paredes, vino a regalarles en este opúsculo de oro que entonces fue Enigmas y hoy Enigmas de La Casa del Placer.

El asombro feliz del origen de los Enigmas, lejos de aquel que siendo de monja y portuguesa y también nativa del siglo XVIII Mariana Alcoforado y la dudosa o incierta autoría de las cinco cartas de amor dolido que se le han atribuido, en los Enigmas de la Casa del Placer proviene del misterio ahora revelado de la existencia de esta Soberana Asamblea cuyo apellido, La Casa del Placer, vino a romper paradigmas, creencias y visiones atávicas y poco respetables respecto a la clerecía y la supuesta ignorancia de las mujeres monásticas y que, al irse aclarando, deja en el ánimo la admiración, la perplejidad y la gratitud por el afanoso y bien labrado trabajo de las agudezas y sensibilidades de estas ocho poetas religiosas quienes antes, habiendo abrevado de la “Inundación Castálida” (Madrid, 1689) de la jerónima mexicana, la de Asbaje y abierta ya la sed almática e intelectual a los sorjuanianos versos, requirieron con denuedo y con apremio aún más de esa agua de la Castálida para su solaz, esparcimiento y reflexión. Fue así que la Marquesa de la Laguna o Condesa de Paredes solicita a su muy querida Juana Inés un escrito con dedicatoria a estas monjas portuguesas provenientes de distintos conventos de Lisboa.

Cuatro siglos después, esta obra de Sor Juana Inés de la Cruz vuelve a cruzar el Atlántico, de allá para acá, de Madrid a México, en el anhelado vehículo de un libro “rojo” que ofrece la amable, exhaustiva y oportuna investigación intitulada “Los Veinte modos de Amor de sor Juana Inés de la Cruz” por su editora María-Milagros Rivera Garretas, tendida con generosidad sobre un prefacio tan ameno como ilustrador.

“Cuando Sor Juana Inés de la Cruz acababa de cumplir 29 años le ocurrió algo que cambiaría su escritura y su vida. Fue la llegada a la Ciudad de México de María Luisa Manrique de Lara y Gonzaga (1649-1729), condesa de Paredes de Nava, dos años mayor que ella”: así inicia esta belleza literaria que además de llevarnos por la historia del mismo opúsculo, contiene intactas cada una de sus partes, de la misma manera en que fue editado en Lisboa en edición privada, en 1695, por la condesa de Paredes y su muy amiga y prima la duquesa de Aveiro María de Guadalupe de Lancastre, mujer tan noble como erudita a quien el embeleso por las letras de Juana Inés también rindió.

Además del Romance de la condesa de Paredes a Sor Juana, tenemos esas ocho plumas conventuales que, en la mayoría de los casos, en versos acicalados, ya son respuesta, ya censo, ya afanosa correspondencia al literario obsequio de Sor Juana Inés de la Cruz. Ellas son: Mariana de Santo António (religiosa del monasterio de Santa Clara), Francisca Xavier (religiosa del convento de la Rosa), doña Simona de Castillo (religiosa del monasterio de Santa Ana), Feliciana de Milão (religiosa del convento de Odivelas), Maria das Saudades (religiosa del convento de Vialonga), Maria Magdalena (religiosa del monasterio del Calvário), Maria do Céu (religiosa del monasterio de La Esperanca), Maria Anna Guedes (religiosa del monasterio de Santa Mónica).

En cuanto al tema central de este joyel, la historiadora y también una de las fundadoras de La revista Duoda y del Centro de Investigación de las Mujeres de la Universidad de Barcelona, María-Milagros Rivera Garretas dice: “¿Para qué servían los Enigmas? Como mucha de la mística femenina unitiva o teológica en lengua materna, servían y sirven para reconocer, descifrar e intensificar el sentir amoroso de las enamoradas, sentir de las entrañas y del alma.”

De suma importancia histórica, poética e incluso filosófica son los Enigmas de La Casa del Placer, por todo su enorme valor como libro, por ser una –y muy importante– de las piezas en el tapiz irrefutable de una estirpe de mujeres espirituales y libres que, viviendo en intelectuales labores, tuvieron la fortuna de recibir la dádiva del último trabajo poético que escribiría nuestra Sor Juana Inés de la Cruz.

 

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