Lo público y lo privado

- Odysseas Elytis - Sunday, 26 Jul 2020 03:39 Compartir en Facebook Compartir en Google Compartir en Whatsapp

Ahora ha empezado también a lloviznar. Me he retirado detrás de los ventanales y observo al viejo Lemonís que corre hacia el muelle gritando y manoteando, se le habrán soltado las amarras de su barca. Y bien, nadie como él lleva, literalmente, "un antiguo viento del oeste en el contorno del rostro". Campesino y marinero a la vez. Uno de los últimos griegos diacrónicos, con sus fuertes espaldas, blanco y abundante el cabello, el color terracota de su cuerpo, que te hace pensar que también podría ser un vasallo de la Creta de Minos. Esclavo tal vez, pero a mínima distancia de su señor. Y eso es importante. Porque desde entonces no se ha visto, como parece, en ninguna de las civilizaciones que conocemos.

Las dimensiones pequeñas, la población limitada, la casi inexistencia de bienes de consumo, recudían las diferencias entre los estratos sociales, de modo que la balanza se inclinara siempre hacia el lado de la calidad y del buen gusto que, o existían difundidos en el aire para todos, o no se vendían en el mercado para que unos pocos pudieran abastecerse de ellos. Y a pesar de que en aquellos años, como en los años de la más próspera cristiandad, el individuo parecía estar con la misma fuerza suprimido detrás de la manufactura, se podría decir que con anterioridad había logrado realizarse, quiero decir, agotar todos los recursos de su fertilidad psíquica y así cortar una flor para disfrutarla y a la vez aprovecharla, sin que en ningún lado se generara la más mínima fisura.

Puede parecer extraño, pero justificadamente uno sospecha que el culto a la fuerza física -que cuanto más atrás vamos tanto más intenso lo encontramos- cedía entonces su lugar (y si esto es demasiado, con ella coexistía) a una ternura mezclada con voluptuosidad y fragancia de loto, en nada diferente a la "ternura de los pechos" que diariamente veían a su alrededor los habitantes de aquella Creta y que con su conocida claridad plástica conservaron en sus obras.*

A esto se llama que una civilización entre, no en la historia con las guerras, sino en la vida con el sol en el vientre. Todo el potencial que habría correspondido a la ejecución de hostilidades debió ser canalizado a la unión erótica con la naturaleza y a la perpetuación de los frutos de un matrimonio semejante.

(Continuará.)

*Famosas estatuillas del torso de mujeres con pechos profundos, símbolos de la fertilidad. Son exponentes del arte de Creta en su apogeo, siglo XVI a.C.

Versión y nota de Francisco Torres Córdova

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