Lo público y lo privado / Odysseas Elytis

- Odysseas Elytis - Sunday, 06 Sep 2020 07:45 Compartir en Facebook Compartir en Google Compartir en Whatsapp

III (2da parte)

 

¿Utopía? Puede ser, ¿por qué no? Entre las otras, ésta es también una interpretación, sólo que tiene menores posibilidades. Y después se acusa a los poetas de que no tienen la fuerza para hacer frente a la realidad, de que no hacen nada y sólo sueñan. Hacen bien. Para concebir cosas delicadas, y sobre todo verlas por el revés, es necesario que seas severo. ¿O acaso la naturaleza no ha mostrado ser siempre indiferente y severa en nuestras desgracias? Pero, ¿lo es? ¿O pide lo imposible? ¿Cumplir su cometido sin dejarse perturbar por las palpitaciones de nuestro corazón? Eso es. Lo sentí con fuerza en la guerra, durante la retirada del 41,1 en el esplendor de la primavera, cuando me zambullía al pie de arboledas en flor para cubrirme de los aviones alemanes. Con la mejilla en la tierra húmeda pedía ayuda, compasión, protección; que aquellas ramitas en botón me murmuraran unas palabras de consuelo. Nada. Lo único que buscaban era sugerirme lo “eterno” que habían sido llamadas a representar.

Así el poeta. Severo. Y que pida lo imposible.

¡Oh! que pudieran, digamos, incluso los Estados organizados conformar una vida pública con leyes como las que rigen al individuo. Que iluminara el alma en lo público, y que una orden del Ministerio de Salud enviara a las plantas de tratamiento de desechos todas las bicocas de los intereses creados para que salieran siquiera algunos gramos de belleza. Que de vez en cuando la sesión del Parlamento adquiriera los alcances que adquiere una lágrima cuando refracta todas las miserias y permanece brillando como una sortija.

En pocas palabras, que pudieran medir también la importancia de los pueblos no por el número de cabezas de que disponen para el matadero, como sucede en nuestros días, sino por cuánta nobleza producen incluso bajo las condiciones más brutales y adversas, como nuestro pueblo en los años de la dominación turca,2 cuando la más pequeña camisa bordada, el calzón más barato, la iglesita más humilde, el iconostasio, la jarra, la colcha, todo exhalaba una realeza en algo superior a la de los Ludovico.

¿Qué detuvo aquellos movimientos del alma que lograron llegar hasta las comunidades? ¿Quién obstruyó una virtud como ésa, que un día podía conducirnos a un régimen peculiar cortado a la medida del país? Donde el sentido común coincidiera con el de los mejores. ¿Qué ocurrió con la naturaleza que adivinamos pero no vemos? ¿Con el viento que escuchamos pero no respiramos?

Me he cansado de decirlo. Quisiera ya no tener nada que decir, pero cómo, si siento que todavía estoy lleno, cargado de toneladas de vientos, costales de julios, canastas de flores... Los morados se derraman. Los oscuros me cortan los codos. Muchos colores tierra humedecen mi ropa. Otros, más suaves, se vuelven galerías, aldabas, puentecillos, cúpulas. Es necesario que me descargue. Pero ¿cómo, si ya se han vuelto elementos de mi organismo?

Apenas los descargue, me extingo.

 

 

Notas:

1 Elytis luchó en la frontera de Albania contra el ejército italiano en 1940. El ejército griego logró rechazar a los fascistas, lo que generó la decisión de Hitler de emprender la invasión y ocupación de Grecia (1941-1944).

2 La dominación turca de Grecia fue de 1453 a 1821.

 

Versión y notas de Francisco Torres Córdova

 

 

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