Jane Austen instrucciones para diseccionar un género

- Ricardo Guzmán Wolffer - Sunday, 14 Feb 2021 07:46 Compartir en Facebook Compartir en Google Compartir en Whatsapp
Ampliamente conocida por sus novelas ‘Sentido y sensibilidad’ y ‘Orgullo y prejuicio’, la narradora británica Jane Austen explica cómo se construyen las novelas con las que ella sigue triunfando, incluso dos siglos después de su muerte.

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Para Jero

Jane Austen (Gran Bretaña, 1775-1817) es conocida por sus novelas donde las mujeres y su educación enfocada al matrimonio parecen ser lo único a tomar en cuenta. Novelista clásica del período previctoriano, donde la alta burguesía agraria emergía en prefacio a la revolución industrial, Austen realiza una eficaz disección de las novelas leídas por sus contemporáneos y, en consecuencia, de las escritas por ella, con un dejo de humor. Pocos autores como la británica para lograr la desconstrucción del género en forma abierta, como puede comprobarse en La abadía de Northanger.

Mientras el narrador omnisciente relata la trama, explica cuáles son los clichés que se han evitado para no enfadar al lector. Primero aclara que Catherine será la heroína de la novela (la mujer casadera) y limpia el camino para decir que no habrá niños de “origen desconocido”, no tendrá aristócratas perniciosos en la comarca, ni su padre será tutor de huérfanos, ni el mayor hacendado tendrá hijos varones. Como las heroínas deben salir de su lugar de residencia, Catherine es llevada al balneario de Bath. La madre de Catherine, de cortos alcances, sólo recomienda a la hija que se abrigue y lleve la cuenta de sus gastos. La familia entera revela sus “sentimientos plebeyos” al no agobiarse con los peligros del exterior (todo lo ajeno a su residencia habitual) para la simpática joven. Incluso el padre le da poco dinero, con lo cual inicia la aventura “con elementos tan poco favorables para la formación de una novela”. Y la disección sigue: expresamente se señala la falta de ladrones, tempestades y no hay encuentro con el héroe de la trama.

La descripción de los personajes secundarios no es menos incisiva: “Mrs. Allen pertenecía a la categoría de mujeres cuyo trato nos obliga a preguntarnos cómo se las arreglaron para encontrar a la persona dispuesta a contraer matrimonio con ellas. Para empezar, diremos que carecía tanto de belleza como de talento y simpatía personal.” La importancia social del vestido, arreglo del cabello y demás “detalles” es presentada con un toque humorístico.

Para muchos, las novelas de Austen son consideradas “comedias románticas”. En su primer baile, Catherine apenas es tomada en cuenta, ningún joven cae “en éxtasis”, ni califica de divina su belleza, ni se interroga sobre su procedencia, según precisa la autora para seguir mostrando los puntos ineludibles de estas novelas románticas. Todavía más, cuando uno de los pretendientes interroga a la heroína, le pregunta sobre su diario, pues toda dama debe tener uno, asegura el muchacho, para desarrollar la facultad femenina de “escribir bellas cartas”. Ella, por supuesto, ni lo tiene ni le interesa escribirlas. Tanto ellas como ellos son puestos en los obvios estereotipos: “la conversación giró en torno a los temas habituales de las jóvenes, como el vestido, los bailes, el cuchicheo y las chanzas”.

Entre la autocrítica y la autoparodia, Austen establece la importancia del género novelístico y cómo debe ser tomado en serio. En contrapunto, se burla de los autores de “revistas” que critican precisamente las novelas de la época. Sus personajes leen con admiración el Udolfo, de Radcliffe, y comentan ese y otros libros.

Austen busca los escenarios de la época y también expresa con humor la ausencia de lugares misteriosos. Ya en la abadía, donde concluirá la trama, se inventa historias relacionadas con la muerte de la madre de su prometido a manos del malévolo suegro. Ninguna es cierta, por supuesto. En humor franco, Austen pone a Catherine a buscar un papel en el mueble de la habitación que le han dado y, cuando por fin lo encuentra, resulta que es simplemente un atado de notas de comida: no hay un diario incriminador, ni nota de un asesinato. Con un dejo feminista establece que los hombres consentidos fueron o son mimados por las propias mujeres. Se ensaña con los hombres acostumbrados a hablar como si toda plática suya fuera interesante. Los cretinos que conoce Catherine son diseccionados a propósito para establecer la mínima inteligencia en la mayoría de los personajes masculinos, muchos sólo llevados por la sed de herencia y la necesidad de vagar a expensas de la dote matrimonial.

Si las novelas románticas requieren de constantes en trama, construcción de personajes y desarrollo para funcionar, Austen logra en “el castillo” lo imposible: mencionar directamente lo que no mostrará e interesar al lector con una sutil trama que gira sobre el casamiento de Catherine y la oposición del futuro suegro, también engañado sobre la opulencia familiar de ella. Mientras las novelas románticas filtran señalamientos morales, Austen tiene la amplitud de establecer que, en el caso planteado, tienen igual peso argumental la tiranía paterna y la desobediencia filial. La moralina simplona es sustituida por la dialéctica conceptual y deja al lector la posibilidad de tomar sus propias conclusiones.

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