Camino privado / Odysseas Elytis

- Odysseas Elytis - Sunday, 09 Feb 2020 07:53 Compartir en Facebook Compartir en Google Compartir en Whatsapp

IV (I de II)

 

El camino privado corta por el tiempo. Llegas más rápido a tu casa por Constantinopla. Y además, tu casa no es exactamente la que conocías. Es una casa rural, grande, con escalera doble de piedra, como la de Pushkin en Crimea. Pongo un ejemplo al azar.

Incluso a veces pasa que alcanzas a las cosas en su infancia: el patiecito, la cocinita, el limonero, los estanques. Percibes la poca importancia que tiene el tiempo si no llevas el registro. Y lanzas tu anzuelo a los sucesos para sacar, simplemente, un poco de elocuencia de agua, un reflejo, una transparencia azul marino. Lo demás, aun en estado crudo, para nada te sirve. Genera interés, no oxígeno. Y cerca, la prudencia del olivo.

Para cada uno de nosotros está abierto un camino privado. Y sin embargo muy pocos lo siguen. Algunos sólo cuando una o dos veces en su vida se enamoran. Y el resto nunca. Son éstos los que se retiran de la vida sin siquiera haberse dado cuenta de qué les ocurrió. Y es una lástima. Es una lástima ese encierro de por vida en el arca de la Necesidad, con los sentidos inmovilizados en el nivel utilitario. ¿Es culpa sólo de la ausencia de educación? En esto, incluso un viticultor o un pescador, si son auténticos, en cuanto a la toma de conciencia de los actos llegan al mismo nivel al que también llega el poeta. Millares de imperceptibles vibraciones de la tierra ardiente o del mar de la mañana actúan sobre ellos, y su alma, en consecuencia, recibe y atesora cinceladuras anónimamente divinas. Entonces es otra cosa la que ocurre, que sella el alma y te impide tomar posición ante el dilema que, de la manera más sencilla, tanto teórica como prácticamente nunca ha dejado de plantear la vida. O permaneces con los cinco sentidos sin ejercitar y tu mundo anímico expuesto a acontecimientos de la superficie que simplemente registras y entonces, salvo la diferencia de calidad, te colocas en el mismo paralelo de las canciones populares y la lectura de revistas semanales; o aceptas, en principio, la existencia del misterio, y entonces cuestionas los resultados de toda experiencia primera y penetras con un corte profundo en la realidad, aspirando a reintegrar el fenómeno de la vida a partir de los elementos que se te ofrecen, con el pensamiento libre de todo prejuicio, por un lado y, por el otro, ejercitados como un galgo los sentidos, a los que de vez en cuando, si tienes suerte, miras volver del campo en que los has soltado trayendo en los dientes presas de la misma importancia que las que de tiempo en tiempo han conseguido “cobrar” las religiones.

(Continuará.)

Versión de Francisco Torres Córdova

 

 

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