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Reivindicaciones históricas y otros pendientes

'La guerra zapatista 1916-1919', Francisco Pineda Gómez, Era, México, 2019.

Este volumen aparece bajo el sello Era, cuyo catálogo, rico de por sí, acrecienta los abundantes títulos esenciales para la cultura en México –lo mismo de literatura que de política o, como es el caso, de historia–, publicados a lo largo de las últimas décadas, y cuenta con la valiosa intervención coeditora de la Secretaría de Cultura Federal, así como del Instituto Nacional de Antropología e Historia.

Su autor, Francisco Pineda Gómez, antropólogo y profesor investigador adscrito a la Escuela Nacional de Antropología e Historia, con toda seguridad es el mejor especialista en el zapatismo histórico –llamémosle así para distinguirlo del finisecular que se originó y aún hoy tiene sede en territorio chiapaneco–, al que ha dedicado la mayor parte y lo mejor de su talento y su esfuerzo profesional. Testimonio de esto es el antecedente ensayístico del presente volumen que, de hecho, constituye la última entrega de la tetralogía que se completa con La irrupción zapatista, 1911; La revolución del sur, 1912-1914, así como Ejército Libertador, 1915. No sólo eso, pues Pineda Gómez también es autor, entre muchos otros textos, de “1916. Racismo y contrarrevolución en México” y del prólogo al volumen colectivo La utopía del Estado: genocidio y contrarrevolución en territorio suriano, publicado en 2018.

Como es evidente, la estructura que articula los cuatro volúmenes publicados por Pineda Gómez tiene como eje rector la estricta cronología, desde 1911, año en que la figura de Emiliano Zapata irrumpe en la historia mexicana, hasta 1919, cuando el igualmente conocido como el Caudillo del sur es asesinado. En otras palabras, sistematiza y organiza, de la manera más sencilla y por lo tanto asequible, los datos esenciales acerca de una de nuestras figuras históricas más importantes, cuya multiplicidad, dispersión, insuficiencias varias, distorsiones e incluso contradicciones, son tan abundantes como la necesidad de contar con una visión que abarque no sólo al hombre, indiscutible héroe nacional, sino sobre todo a todo aquello que le da explicación y sustento históricos. Es por eso que el autor hace énfasis no tanto en el hombre sino en sus orígenes, motivaciones y, en particular, en el contexto que enmarcó su actividad política y revolucionaria.

Aquí, Pineda Gómez, congruentemente con el postulado según el cual para entender la Historia, con mayúscula, es preciso conocer a fondo y en detalle las microhistorias desde su génesis, se concentra en la lucha fratricida que tuvo lugar en territorio morelense sobre todo, pero lo mismo en zonas aledañas, es decir, hasta donde alcanzó a llegar la influencia directa del zapatismo en aquellos años. Inevitablemente, la tesis del autor se contrapone a la simplificadora y, por ende, distorsionante versión oficial de lo que fue la Revolución mexicana en el ámbito sureño.

Basado en una investigación larga y acuciosa en infinidad de documentos conservados en archivos institucionales, pero lo mismo en los que han resguardado varias familias cuyos ancestros fueron partícipes directos de aquellas lides, el autor expone la manera en que la guerra civil que es toda revolución, en territorio zapatista fue transformada, por la barbarie oficial, en un auténtico genocidio, producto de la perspectiva gobiernista de que la encabezada por Emiliano Zapata era una “sublevación” en contra de lo que muchos suponían una revolución ya triunfante, “contra” la cual sería impensable oponer resistencia de ninguna naturaleza, que fue precisamente lo que el zapatismo, como bien se sabe, llevó a cabo tan pronto sintió traicionadas sus aspiraciones y sus justas demandas al triunfo de Francisco i. Madero. En consecuencia, el movimiento zapatista fue enfrentado con estrategias de contrainsurgencia y, como se apuntó, fue convertido en víctima de crímenes de lesa humanidad.

Comprensiblemente –aunque no por eso justificablemente– acallada en los textos oficiales al respecto, esta visión de la historia resulta indispensable para acceder, como se apuntó al principio de estas líneas, a una comprensión más amplia y por ende más precisa de uno de los momentos históricos nacionales de cuya complejidad proceden, por cierto, buena parte de las demandas históricas aún por cumplimentar para el pueblo que, con su vida misma, le dio vida a lo que hoy conocemos como zapatismo –e insístase: el histórico, no el que se abanderó en 1994 con idéntico vocablo–, que al menos académicamente, y gracias a investigadores e historiadores serios y capaces como Adolfo Gilly y Pineda Gómez, hoy goza de una reivindicación absolutamente indispensable.

 

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