Compartir en Facebook Compartir en Google Compartir en Whatsapp
10a.jpg

10.jpg

Imagen de las Casas Gemelas de Artaria y Schmidt. Fotografías: Hannes Meyer, 1941. Archivo ETH, Zurich, Hans Schmidt

11.jpg

Imagen de las Casas Gemelas de Artaria y Schmidt. Fotografías: Hannes Meyer, 1941. Archivo ETH, Zurich, Hans Schmidt

11a.jpg

Imagen de las Casas Gemelas de Artaria y Schmidt. Fotografías: Hannes Meyer, 1941. Archivo ETH, Zurich, Hans Schmidt

A la sombra de Juan O’Gorman o cuando la novedad flota en el ambiente

‘El primer edificio moderno en México. Las casas gemelas de Paul Artaria y Hans Schmidt’, Juan Manuel Heredia, Arquine, México, 2020.
Xavier Guzmán Urbiola

 

 

A finales de 2020, la editorial Arquine hizo circular El primer edificio moderno en México. Las casas gemelas de Paul Artaria y Hans Schmidt, libro escrito por Juan Manuel Heredia, que es modesto para tamaña revelación que contiene en sólo cuarenta y ocho páginas. Al leerlo se ven sus otras cualidades: es provocador y fascinante.

“En la historiografía de la arquitectura mexicana el funcionalismo radical de Juan O’ Gorman muchas veces se presenta como el episodio más importante en la génesis de la arquitectura moderna del país.” Heredia definió así su propósito. Por lo tanto, “este libro pretende corregir un equívoco y restituir a estas casas el lugar que deberían ocupar”. Bien investigado, escrito y expuestos sus argumentos, el autor logra que el lector se rinda a sus razonamientos, pues contrasta las casas que se encontraron en la esquina sur poniente de San Borja y Gabriel Mancera, con la que O’ Gorman “supuestamente construyó para su padre” y poco después con las que “levantó para Diego Rivera y Frida Kahlo”, las cuales fueron pensadas más como “experimentos teóricos”. En este punto diré que, al estudiar este libro, me encontré citado entre los investigadores que destacan a O’ Gorman en la historiografía, así que me concierne fijar una postura.

En el trabajo de Heredia puede encontrarse una semblanza completa de estas peculiares casas gemelas: los clientes (un hermano y una hermana, inmigrantes suizos, casados con otros dos hermanos de igual nacionalidad); el encargo del proyecto a un despacho radical del grupo ABC de Basilea; la solución modulada que combinó una fachada casi ciega hacia la calle de San Borja, con otra abierta al jardín unida por una gran terraza al sur; la forma en que las construyeron a distancia, pues sus creadores nunca vinieron a México; el constructor, quien las levantó adecuando el proyecto a los recursos y materiales locales; el análisis de la obra con base en planos de época y reconstruidos, así como fotos formales y familiares; la manera en que sus dueños las habitaron durante tres generaciones; la fortuna crítica de que gozaron (Hannes Meyer, el segundo director de la Bauhaus, las fotografió y escribió sobre ellas); la vida que ahí se desarrolló (el destacado pedagogo suizo Edwin Zollinger, padre de los dueños, ya jubilado, las habitó y alternó sus lecturas de El Quijote con la escritura de sus últimos libros, uno evocador de los paisajes helvéticos, pero redactado al contemplar el Ajusco, el Popo y el Izta); su costo (30 mil pesos de 1929), considerando que aún con los obscuros vaticinios de la crisis de aquel año, 780 servían para adquirir un Ford T; las modificaciones que sufrieron; cuando, cómo y por qué las demolieron para construir una clínica del IMSS hacia 1975 y, finalmente, su honrosa genealogía posterior, pues Schmidt fue admirado por el arquitecto italiano Aldo Rossi. Mucha de la información anterior era desconocida, al menos para mí. Es un libro revelador, con una tesis sólida, sugerente y, por consecuencia, amerita, como lo fue, haberlo impreso bilingüe.

Sin embargo, el fresco desafío de Heredia a repensar nuestra historia afirmando tajante que, en tanto O’ Gorman “atravesaba” la colonia Del Valle, al viajar de San Ángel al centro de la capital, entre 1928 y 1930, “podía apreciarlas” sin “pasarlas por alto” y debieron “haberlo sorprendido” (lo cual no creo que pueda probar), pronto da paso a la prudencia académica: “es posible”, “quizás”, “muy probablemente precedieron y pudieron servirle de referencia e inspiración directa”. Por fortuna, esta cautela le sirve también para reflexionar con mayor sutileza las implicaciones de sus aseveraciones conceptuales.

Por lo expresado y por la mención que se hace a uno de mis trabajos, sugiero el siguiente razonamiento. En Los sonámbulos, Arthur Koestler describió dos formas de inteligencia: la “némica”, que es la común a los seres humanos y consiste en aplicar aquellas “recetas” que se aprenden a lo largo de la vida para solucionar problemas similares. Procede por acumulación de datos y asociación. Así, consiste en ampliar, tanto como se es capaz, un arsenal de réplicas y matizarlas para contar con la más indicada ante la circunstancia parecida. Es memorística. Por contraste, la “eidética” es excepcional, casi milagrosa, y se caracteriza porque aquellos pocos que la poseen brindan respuestas novedosas ante circunstancias igualmente desconocidas, al menos hasta ese momento. Es creativa.

Se tiene entonces, por un lado, un par de obras en las que sus proyectistas y constructores por supuesto enfrentaron sus encargos a partir de su asimilación de soluciones novedosas previas, en un momento y circunstancias similares. Obviamente, los dos dieron respuestas parecidas. Fueron en ambos casos “némicas”. Sin embargo, una de esas obras se mantuvo en pie cuarenta y seis años, a pesar de lo cual casi no gozó de impacto entre el público interesado, mientras la otra, aunque alterada, sencillamente por su longevidad, irradió una influencia descomunal, proyección que llega hoy al culto.

Felicidades por este libro y sus revelaciones. Acierta el autor cuando afirma que el tema merece análisis más profundos. ¿O’ Gorman publicitó sus casas más que Schmidt y Artaria las suyas? Y tal vez ¿ocultó esa influencia? Esto y otros muchos asuntos para mí ahora es obvio que deben estudiarse. Sin duda, con esta nueva documentación y hallazgo nuestra historia se enriquece. Ojalá también nuestra reflexión se dignifique. Más allá de sus afirmaciones cortantes, esta es en realidad la atrevida y rescatable provocación de Heredia.

Versión PDF