Pascal Quignard y Galia Eibenschutz: La música y la voz del ser

- Alejandro García Abreu - Sunday, 25 Feb 2024 09:10 Compartir en Facebook Compartir en Google Compartir en Whatsapp
Recientemente, el escritor francés Pascal Quignard –experto en música barroca, violonchelista, fundador y primer director del Festival de Ópera y Teatro Barroco de Versalles–, en compañía de la bailarina y artista visual mexicana Galia Eibenschutz, presentaron la puesta en escena titulada 'El amor el mar/la música y la muerte'.

 

Música y movimiento

“Cuando el silencio de la lectura me angustiaba, o cuando por la posición de la lectura me hormigueaba el cuerpo, hacía música”, escribe Pascal Quignard, autor de libros imprescindibles como El salón de Wurtemberg (1986), La lección de música (1987), Pequeños tratados (1991), Terraza en Roma (2000), Las solidaridades misteriosas (2011) y El amor el mar (2022).

Recientemente, el escritor y músico francés Pascal Quignard (Verneuil-sur-Avre, Normandía, 1948) –experto en música barroca y notable intérprete– y la bailarina y artista visual Galia Eibenschutz (Ciudad de México, 1970) presentaron la mise en scène titulada El amor el mar/la música y la muerte en la galería Kurimanzutto de la capital mexicana.

“Me gusta mucho el psicoanálisis y Freud decía que el alma era como la Roma antigua donde los sedimentos se confundían unos con otros, y para mí México es como esa Roma antigua que podemos tocar sedimento por sedimento hasta llegar al origen”, dijo Quignard –ganador del Premio Formentor de las Letras 2023– a su traductor Ernesto Kavi y a la periodista Erika Rosete durante su primera visita a este país.

En la galería Kurimanzutto, Quignard tocó
el piano –aunque también domina otros instrumentos– y Eibenschutz danzó e improvisó movimientos. Formaron un tándem que buscaba las raíces de la experiencia estética y del silencio que, para Quignard, es parte esencial de la música y de la literatura.

La presencia escénica del cuerpo es uno de los ejes de los proyectos de Eibenschutz, experta en ballet clásico y danza contemporánea. Entre sus puestas en escena destacan Walk on Cracked Land (2013) en Miami Basel, cuya sede fue el Center for Visual Arts, y Dance Performance en colaboración con Corinne Skaff en Beirut (2016).

 

Música y silencio

En el recinto el escritor normando interpretó “Música callada”, del compositor catalán Frederic Mompou i Dencausse. Evoco la aparición de sus Pequeños tratados (traducción de Miguel Morey, Sexto Piso/Kurimanzutto, Madrid, 2016). Previamente escribí que, publicados por Maeght Éditeur de la Galerie Maeght, Quignard ha considerado durante mucho tiempo los Pequeños tratados como su firma, su casa y su nombre. Pequeños tratados es un autorretrato intelectual en el que no faltan las reflexiones sobre la música y el silencio. Mireille Calle-Gruber, escritora y profesora de La Sorbonne, dice –en el número de Studi Francesi dedicado a Quignard– que en los tratados hay un silencio inefable. Son la solución peculiar que Quignard inventa para romper con el discurso oral y la filosofía, para afirmar el silencio paradójico de la literatura y de la música.

En esta ocasión recurro a las reflexiones sobre la música y el silencio incluidas en Pequeños tratados. El autor se refiere al ritmo: “Al igual que se puede ‘poner música’: poema ‘puesto en página’.” Habla de la belleza de los libros equiparándola a la grandiosidad melódica: “Incluso, cuando el libro es muy hermoso, hace pensar que la lectura no está tan lejos de la audición, ni el silencio del libro tan alejado de una ‘música extrema’ –aunque sea preciso afirmar a continuación que es imperceptible–.” Se esfuerza por describir el efecto esperanzador que ejerce sobre él un volumen: el Livre des lumières [Libro de las luces], que publicó Simeon Piget en París, en 1644, escrito por Jean Gaulmin. “Cada vez que lo cojo, mi esperanza es musical, es la cadencia de una lengua lo que busco en él, y cada vez, como la voz muda, desaparecida, se eleva sin romper el silencio que la resguarda, de pronto se levanta, a mi lado, en el aire.”

Recurre a la diosa Sárasvati, divina esposa de Brahma, guardiana de las letras, de las artes y de la música. Se refiere a monjes “consagrados al dolor de la acedía. Características: clausura, introversión, oración o lectura, pureza, música, reserva, iniciación. Rechazo del mundo…” Confiesa que tenía el sentimiento de dejar la música por el silencio. Sobre éste dijo: “La música evoca su presencia. La lectura se hunde un poco en él.”

Piensa en bellos libros que regresarán. “Que hacen pensar en ciertas piezas de laúd o de clavecín que entonces se componían. Música enfática y dulce, sin sorpresa narrativa, muy articulada, solemne y prolija.” Es insomne y busca solaz en sus instrumentos musicales: “Me abandona el sueño. Abandono la cama. Vago por el apartamento. Pongo la frente sobre el cristal de las ventanas y miro el agua que pasa. De pronto entreabro la puerta del salón. Me acerco a los instrumentos de música.”

Y manifiesta: “Fue a la vez este eco y este microcosmos de música acordada con los círculos de las voces del ser.” Pascal Quignard, de noche, a la luz de las velas, interpreta una melodía callada en Ciudad de México.

 

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