Escritura del cuerpo, escritura del viaje: la poesía de Lara Dopff

- Philippe Cheron - Sunday, 30 Nov 2025 00:00 Compartir en Facebook Compartir en Google Compartir en Whatsapp

La francesa Lara Dopff (1989) es una poeta prolífica: ya tiene en su haber una docena de títulos, desde su primer opus, L’arbre de nerfs (El árbol de nervios, 2015), que consta de ocho cuadernos recogidos en tres volúmenes, hasta Dans le jardin des dieux disparus (En el jardín de los dioses desaparecidos, 2023), imponente libro que reúne poemas cortos, y hasta muy cortos, en su mayoría.

Editora exitosa (dirige las ediciones Phloème, en Le Havre), también es una activista cultural y una viajera incansable. Titulada en artes dramáticas y creación literaria, ha participado en numerosos festivales de poesía en Francia y en el extranjero, además de coordinar talleres de creación literaria.

A la escucha del mundo, Dopff es una poeta del cuerpo y de la naturaleza que traduce lo que siente en palabras: L’arbre de nerfs, que inicia con una especie de advertencia concerniente a su concepción de la escritura, es el resultado verbal del vínculo con lo orgánico, con las múltiples manifestaciones de la vida, “a través del filtro de los nervios”. Sus sentidos agudos perciben el rumor del viento, cada flor en la pradera, cada sensación en la piel –otras tantas impresiones que, después, transforma en palabras para depositarlas en sus cuadernos.

Dans le jardin des dieux disparus réune sus apuntes al filo de los días y de la errancia durante un viaje por el Oriente Medio. Se refiere a una isla desaparecida de la tierra, donde había un jardín. Los humanos habían imaginado que aquel jardín era la morada de los dioses. Unificaba diversas culturas y los persas lo habían nombrado Paradiso. Pero los dioses se alejaron y desaparecieron. Los poemas, agrupados en veintiún jornadas,
son el testimonio de la búsqueda de aquel
jardín: desapareció –como también nosotros
desapareceremos.

El árbol de nervios

(fragmentos de los cuadernos I a III)

mis palabras tienen la debilidad de mi cuerpo

Mi poemario

lo que tuvo lugar

lo que tendrá lugar

lo que será lugar en mi cuerpo

Mis escritos tienden a expresar la vida a través del filtro de los nervios.

Aquí la escritura puede ser vista como nervios, sensible, viva y neurálgica, relacionada más con lo instintivo que con el intelecto, surcada por corrientes, nudos, y poseedora de una multitud de terminaciones.

Una escritura capaz de provocar movimientos inconscientes animados por reajustes, marcada por temblores, fallas, reinicios, recaídas, convalecencias.

Una escritura en el texto, en la estructura del texto, como un cuerpo, vivo, sensible,

a menos de que sea quemada.

Para estar a la escucha del cuerpo, de los nervios, me volveré hacia la naturaleza,

buscaré en ella mis sentidos.

• • •

[…]

Una palabra, nunca se sabe dónde encuentra su eco, en los riñones, en el sexo, el estómago, la garganta, en este pulmón, detrás de la nuca,

los nervios a veces me dan pistas,

de cada nudo, puedo nombrar el efecto,

de cada nervio, puedo nombrar el tiempo,

quisiera escribir cada una de estas tensiones,

antes de que desaparezcan,

las he vivido,

para evitar el nudo,

tengo que depositarlas,

en una hoja,

antes de escribir, antes de escribirlos,

podía conservar mis nudos mucho tiempo,

años antes de escribirlos,

vivo y escribo mis nudos, en presente, he aquí lo que son

estos textos,

bálsamos, un bálsamo para el árbol de nervios.

Las palabras de un cuerpo como una temporada,

las palabras de un cuerpo durante una temporada

salpicadas de instintos

de acaloramientos

y de inconformidad.

 

• • •

la itálica

las pulsiones sanguíneas,

los huesos,

la itálica surgió, la itálica como rememoración de escritura manuscrita/ de trazos manuscritos

romper la rectitud de las letras, darles una fluidez,

una curva de lectura, un lugar para la mirada

una brecha, un paso

hacia su primer estado

hacia el impulso de inscripción;

la escritura, como un traslado de la dermis, como una danza de la dermis,

una escritura en el cuerpo, con el cuerpo

lo incurvado de la dermis en una pared como primer acto.

 

• • •

mayúsculas, puntuación

Las mayúsculas, primero naturales, estuvieron presentes, y luego poco a poco se esfumaron tras la estética en busca de sentido en la página, trataron naturalmente de crear signos.

Luego se volvieron obsoletas, la disposición en la página las desplazó, cada palabra en medio de un fragmento tiene una plaza fuerte, ni una palabra antes de la otra, sino una palabra con la otra.

Puntualmente, las mayúsculas reaparecen a través de los nombres de lugar, de ser y en el seno de los campos lexicales de la naturaleza, o sea, en términos que para mí tienen valor de ser y adquieren sentido en la búsqueda de los nervios.

La escritura me ha desvinculado de las mayúsculas, me ha enseñado su valor obsoleto, en el sentido, en el flujo, su descendencia convencional.

Para finalmente revincularme con ellas en calidad de sentido que pueda crear signos, en cuanto expresión de poética y no de normalización.

Para los signos de puntuación el proceso fue similar, desvincular las normas/reglas de la escritura con el fin de tender hacia un espacio de sentido en la página.

Arropar la puntuación y las mayúsculas como expresión de la escritura, del pensamiento, antes de y entre la escritura.

Simbolizar lo que ocurre antes de y durante la escritura, simbolizar lo que no puede formularse en la escritura, lo que no pudo cobrar forma en la escritura, lo que no pudo ser escritura, el impulso que precede al lenguaje, que interpela el lenguaje

[…]

En el jardín de los dioses desparecidos

(fragmentos)

Sexta jornada

no son tus órganos

que vuelven a crecer,

es tu piel, la envoltura;

la membrana,

la posible vibración entre lo interno y lo externo

que no te pertenece.

A la especie

habías escrito

eres esta posible vibración

entre lo interno y lo externo.

Cuídala, para que siga vibrando su canto llano

–que la envoltura siga extendiendo la larga red de sus cuerdas

en la pleamar salina de la vida.

 

• • •

“En qué clase de dioses desaparecidos nos hemos convertido,

perdidos en el mundo de los últimos humanos

sigamos viviendo como dioses.”

 

• • •

Séptima jornada

¿es el jardín de los dioses desaparecidos

el mismo

que el jardín de las escrituras?

 

• • •

Décima jornada

Con una melodía vertebral

–cuando salió del mar–

notaste todas las costillas.

Él fue la Víspera–

el ojo prior del monte de los olivos

rozando los dioses desparecidos.

En los confines equivocados, las nubes se atrasan

y se desgarran

lento giro solar en nuestras médulas de la resurrección–

 

• • •

Decimonovena jornada

la ola golpea tu rostro–

una vez más te bautizará con sus entrañas

la sal de la tierra

 

• • •

Vigesimoprimera jornada

en el jardín de las delicias nos sentamos

luego desaparecimos

higo y nuez

frente al cráter terrestre

viento del olivar

y silencio del nogal.

nos levantamos en la gran calma

sonora del bastón contra la piedra

y entramos en el vergel terrestre.

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